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La base de la buena cocina: la técnica

Las carreras de Cocina en Gato Dumas te enseñan todo sobre técnicas aplicadas a productos.

El mantra entre los devotos de la comida consiste en repetir que el secreto de la gran gastronomía es el producto. Pero sin las técnicas adecuadas, incluso los mejores ingredientes derivarán en un resultado deficiente.

 

No hay devoto de la comida que se precie que no pregone aquello de que “la base de la buena cocina es el buen producto”, haciendo cruzada de una consigna que logra poner de acuerdo a inspectores de la Michelin, críticos y contertulios de barra de bar y sociedad gastronómica.

Pero yendo un paso más allá, si diseccionamos la afirmación y la sometemos a la tensión de la objetividad, ¿realmente la base de una buena cocina es el buen producto? ¿Y si la base de la buena cocina fuese la técnica y no tanto el producto? Partamos del hecho de que los ingredientes son materia y de que esta se cataloga en función de su interés comercial, porque aunque sus cualidades y condición sean objetivas, su interés y validez campan en el terreno de la subjetividad, tal y como exploraremos en otro texto. Para entender mejor esto, digamos que es objetivo afirmar que las huevas de salmón se caracterizan por su color anaranjado y las de caracol por su blanco nacarado. Que las primeras destacan por su sabor marino y aromas a plancton, plantas y algas marinas, mientras que las segundas evocan sabores terrosos como de champiñones, tubérculos y raíces comestibles. Una descripción de la textura nos llevaría a indicar que las huevas del salmónido son delicadas y fundentes, mientras que las del gasterópodo poseen una resistencia mayor y más compacta. Objetivo también es afirmar que para darles sabor a estos óvulos insípidos se precisa del dominio de la técnica que se emplea para producir el caviar de esturión. Y objetivo también es el precio de mercado, sobre los 200 euros el kilo de caviar de salmón y alrededor de los 1.800 euros el de caracol.

Y si la base de la buena cocina fuese la técnica y no tanto el producto?

 

Toda esta cadena de datos reales no escapa al filtro de las consideraciones personales y subjetivas. Lo demuestra el hecho de que por muy buen producto que sean estos caviares, para mucha gente no lo son y nunca pagarían el precio que cuestan. Así que podríamos afirmar que lo que se quiere decir en realidad es que la base de la buena cocina se sustenta sobre lo que yo considero “buenos productos”.

Otro principio que me lleva a afirmar que la técnica es más relevante en la cocina que la materia sobre la que se aplica es la realidad de que una considerable variedad de recetas tradicionales son fruto de la gracia y el ingenio de sus creadoras para extraer lo mejor de ingredientes menospreciados, elaboraciones que alinean todos los procedimientos y recursos disponibles para que un trozo de pan duro luzca en forma de sopa viscosa, las sobras de un caldo se transformen en cremosas croquetas o los restos de un puchero de legumbres se metamorfoseen en sabrosa crema. Y esto solo se puede lograr entendiendo la materia que se está manejando y, sobre todo, dominando las técnicas.

Abordémoslo desde la perspectiva inversa: sobresaliente materia ­prima tratada sin conocimiento ni técnica. Elaboremos una paella con arroz carnaroli y unos nigiri sushi con basmati. Preparemos un caldo con solomillo y consumamos el zancarrón cocinado a la plancha. Hagan la prueba de elaborar una sopa con macarrones y añadan fideos a la boloñesa. En síntesis, los mejores ingredientes del mundo, sin el método y las técnicas adecuadas, derivan en una cocina deficiente, por mucho que la fuerza de los tópicos se dispare a coro. 

https://elpais.com/elpais/2018/02/16/eps/1518799185_879267.html